lunes, 9 de noviembre de 2009

"Los tomates y la libertad"


“Libertad es una palabra que el sueño humano alimenta, que no hay nadie que explique y nadie que no la entienda” (Cecília Meirelles).

La isla de las flores se presenta, a primera vista, como un documental con carácter humorístico y repetitivo, donde, la historia de un tomate, desde su cultivo hasta su embalaje, se ve conectada directamente con los habitantes del lugar que da nombre a este film.

Jorge Furtado, creador de esta impactante obra, ha reflejado de un modo creativo y único, dónde queda establecido el sentido de la palabra libertad, así como la idea del valor de las cosas según la escala jerárquica que se ocupe en la sociedad. Refleja como el carácter de la sociedad capitalista que se ha asentado en estos últimos tiempos en el mundo en el que vivimos, ha juzgado el valor de las cosas y los derechos que cada ser humano tiene según su poder adquisitivo.
De ahí el recalco de uno d los fragmentos de esta obra “el tomate, plantado por el señor Suzuki, cambiado por dinero al supermercado, cambiado por el dinero que Doña Anita cambió por los perfumes extraídos de las flores, rechazado para la salsa del cerdo, tirado a la basura, rechazado por los cerdos como alimento, está disponible ahora para los seres humanos de la Isla de las Flores, y todo por no tener dinero, ni dueño”.

Los habitantes de la Isla de las flores, no son los únicos que seguramente se ven en esta detestable situación, en la cual los derechos humanos no existen ni los respaldan para asegurar, como bien esta declaración promueve, el bienestar de cada ser humano y una calidad de vida digna, que posibilite su desarrollo.

¿Es el dinero el responsable de toda esta desigualdad y la falta de tolerancia?
Nos hemos convencido con la idea de que “él que más tiene, más puede”, donde el dinero lo mueve todo; si no tienes dinero no puedes comprar alimentos, ni puedes acceder a una vivienda, en definitiva, no puedes contar con aquellos recursos y servicios que son esenciales para vivir en unas condiciones mínimas.
¿Y qué hacer pues, si no disponemos de tan preciado material de intercambio de bienes? Con esta cuestión se puede entender la situación de los ciudadanos de la Isla de las flores, teniendo que buscar esperanzas en la sobra de la comida de los animales, su única fuente de alimento y supervivencia. ¿Cómo se puede permitir semejante situación mientras alardeamos de estar en el S.XXI, donde disfrutamos de desarrolladas tecnologías y comodidades impensables?

Haciendo reflexionar sobre la idea que el director ha querido plasmar, lanzo una cuestión a este ciber-espacio, ¿qué vale más, el poder del dinero, o el poder de la vida? Parece absurdo hacernos esta pregunta, pero no lo es tanto cuando vemos documentales que lo ponen en duda…

No hay comentarios:

Publicar un comentario