
En este nuevo seminario, se nos ofreció el trabajo y visión de Silvia, una estudiante de la conjunta al igual que nosotros, quien esta a punto de terminar la doble diplomatura.
Gracias a la profesora Esher, Silvia compartió con nosotros su experiencia tras trabajar a cerca de los centros penitenciarios, concretamente el de Alhaurín de
La principal idea que nos trasmitió era el difícil acceso que tuvo a esta institución, pues fueron muchas las llamadas y visitas para concertar una cita con los técnicos encargados del trabajo que se realiza allí dentro. Pero no dándose por vencida, consiguió entrevistar a un trabajador social del centro, quien le informó a cerca de toda su labor, desconociendo por completo la presencia del educador social, de nuevo invisible en los ámbitos de intervención pertinentes.
Investigando más a fondo, pudo comprobar la existencia de unos diez trabajadores social, con un módulo del centro a su cargo cada uno, y catorce profesionales que ocupan el cargo de educadores sociales, pero que ninguno tiene la titulación correspondiente para ello, estando trabajando con 114 internos aproximadamente por cada educador.
A la hora de definir las competencias dentro de cada profesional, nos comentó una serie de diferencias claves. Por un lado, el trabajador social se encarga de realizar la ficha social, de tramitar gestiones y de todos aquellos aspectos con un carácter más administrativo; el educador social, por su parte, realiza entrevistas para realizar el diagnóstico adecuado para destinar a cada persona al módulo preciso, marca el itinerario a seguir y realiza un contacto más directo con el interno, siempre por medio de instancias.
Como en muchos de los ámbitos de intervención, éstos profesionales cuentan con problemas a los que deben de hacer frente, pues como bien se nos informó, en cuanto al trabajador social existe una descompensación en cuanto a la proporción de internos a los que se debe de atender, también se ven muy limitados por el espacio, a veces no tienen toda la información relevante de los internos, por lo que existe cierto desconocimiento a la hora de trabajar con ellos, así como un de acuerdo a la hora de tomar algunas medidas, como por ejemplo los TBCo (Trabajo en Beneficio a
Estos problemas que atañen a la figura del educador social, vienen originados en su mayoría por la escasa e inadecuada formación de los profesionales que desempeñan esta labor, pues en primer lugar, no son titulados como educadores sociales, sino que han accedido al puesto mediante oposiciones o curso, y en segundo lugar y enlazado con lo primero, no tienen las competencias precisas para realizar una intervención que atienda a los requisitos de los internos, así como el trabajo necesario con la familia del mismo y su contexto.
Pero como bien sabemos, todo viene dado por un escaso reconocimiento de la profesión, y una falta de reclamo por hacer válida nuestra futura figura de educadores sociales; habrá que empezar a hacer algo para ello, ¿no?
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